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El Vaticano publica «Un camino de esperanza» al cumplirse 60 años de Nostra Aetate

Tres dicasterios romanos, con la aprobación del Papa León XIV, actualizan el legado del diálogo interreligioso y reafirman a Cristo como único Redentor

La Santa Sede publicó el 16 de septiembre la Nota «Un camino de esperanza: sesenta años de diálogo y de fraternidad interreligiosa a la luz de la Declaración conciliar Nostra aetate», con motivo del 60º aniversario de este texto del Concilio Vaticano II, promulgado el 28 de octubre de 1965.

Un documento de tres dicasterios

El texto no lleva la firma personal del Papa, sino la de los prefectos y secretarios de tres organismos de la Curia Romana: el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, encabezado por el cardenal Víctor Manuel Fernández; el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, dirigido por el cardenal Kurt Koch; y el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, a cargo del cardenal George Jacob Koovakad.

León XIV aprobó el documento el pasado 22 de junio, durante una audiencia con los responsables de los tres dicasterios, y ordenó su publicación, que se hizo pública ahora coincidiendo con el aniversario.

Las raíces judías del cristianismo

La Nota dedica una parte central a las relaciones entre judíos y cristianos. Reafirma que la alianza de Dios con el pueblo judío es irrevocable y sostiene que esta realidad sigue interpelando a la Iglesia. El documento insiste en la necesidad de fortalecer la lucha contra el antisemitismo y de preservar los espacios de encuentro construidos durante seis décadas de trabajo conjunto.

Al mismo tiempo, el texto es claro en establecer los límites teológicos de ese reconocimiento: la irrevocabilidad de la alianza con el pueblo judío no implica la existencia de dos caminos de salvación independientes. “La Iglesia enseña que Cristo es el único Redentor.” — señala la nota.

Ni sincretismo ni relativismo

El documento rechaza explícitamente la posibilidad de fundar una «religión mundial» en la que todas las creencias queden niveladas entre sí. En su lugar, propone construir una sociedad capaz de acoger las diferencias sin diluirlas, reconociendo lo que hay de verdadero y bueno en otras tradiciones religiosas sin caer en el relativismo doctrinal. La Nota reconoce también que existen «diferencias irreconciliables» entre las distintas tradiciones religiosas.

Un llamado a «construir puentes, no muros»

En sus conclusiones, el documento sostiene que, sesenta años después de Nostra Aetate, se ha transformado radicalmente el rostro de las relaciones interreligiosas, y llama a continuar ese camino a través del diálogo, la educación y la cooperación. Retomando una expresión ya usada por León XIV, la Nota invita a los creyentes a convertirse en «constructores de puentes, no de muros», como artesanos de la paz y la fraternidad.

El texto advierte, no obstante, que el diálogo «no es una fórmula mágica» y que quienes se comprometen con él deben evitar tanto el repliegue identitario como la ingenuidad idealista.

Contexto

Nostra Aetate, promulgada en 1965, marcó un giro histórico en la relación de la Iglesia católica con el judaísmo y con otras tradiciones religiosas, al afirmar que la Iglesia «no rechaza nada» de lo verdadero y santo que existe en ellas. La nueva Nota busca releer ese camino recorrido, reconocer sus frutos y trazar perspectivas para el diálogo interreligioso en un contexto marcado, según el propio documento, por conflictos bélicos, violaciones a la libertad religiosa y el uso del nombre de Dios para legitimar la violencia.

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